viernes, 23 de noviembre de 2012

Martes, 20 de noviembre de 2012

Después de un tiempo ausente debido a las lluvias que hemos tenido últimamente, volvía al Residencial La Térmica, en Almería capital, para retomar las clases con mi cantera.

Se trata de dos parejas de hermanas, cada una formada por la pequeña, rondando los ocho años de edad, y por la mayor, éstas últimas un año y pico más grandes. En la actualidad son los únicos niñ@s a los que estoy dando clases. Damos dos horas seguidas organizándonos del siguiente modo, debido, fundamentalmente, a la diferencia de edad y, sobre todo, de nivel: van pasando, de una en una, cada media hora.

Aquí aparezco con dos de ellas: María y Alba


Lógicamente, a estas edades, el objetivo principal que se busca es que se diviertan con las clases, que se lo pasen bien, que, en definitiva, tengan ganas de que llegue la clase de pádel semanal, y de que les fastidie que se suspenda alguna clase por el motivo que sea. 

No obstante, en pequeñas dosis, voy intentando introducirles y trabajar algunos aspectos técnicos. Pero, evidentemente, cuesta un poquito de trabajo, entre otras cosas porque...¡tienen la cabeza como una regadera!

Cuando termino con las niñas, una hora después, tengo clase en La Cañada con Gabriel y Pepi, el matrimonio del que ya os hablé en una entrada anterior.
Se da la circunstancia de que justo el día antes, los lunes, tienen un partido fijo semanal que juegan ellos dos, haciendo pareja, contra un familiar y un amigo. 

Pues bien, siempre vienen contando que el partido les ha ido fatal. Gabriel haciendo hincapié en que todos sus tiros resultan ser pelotas fáciles para los contrarios, y Pepi en que siempre terminan discutiendo y enfadados porque, entre otras cosas, Gabriel es muy mandón en la pista. De hecho, cuando están contándome lo acontecido el día anterior, casi que vuelven a aparecer las discusiones...

A Gabriel le dije que tenía que esforzarse en golpear la pelota, cuando esté en el partido, igual que cuando lo hace en las clases, porque no lo hace mal del todo. Lo que ocurre es que, también se lo recalqué, en cuanto aparecen los primeros errores se enfada y, lo peor de todo, pierde totalmente la concentración. Ya les expliqué que cuando jugamos al pádel, y más en este deporte que el juego es muy rápido, si nos desconcentramos, por enfado o por cualquier otro motivo, nuestro juego se verá gravemente afectado.

Después de la breve charla comenzamos a trabajar, sobre todo el tema de la movilidad y la rapidez en las preparaciones, como vimos en entrada anterior, así como, sobre todo a Gabriel, en la necesidad de pegar a la pelota delante, cuando ésta se encuentra en su punto más alto, y con un buen acompañamiento final, con el fin de darle más mordiente y peso a esos tiros y que no queden tan sencillos para los contrarios, tal y como dice él...

Wilson Tour BLX

La verdad es que el resultado del trabajo realizado fue bastante satisfactorio. Estuvieron mucho mejor en cuanto a la movilidad y, especialmente Gabriel, pegó a la pelota mucho mejor que el día anterior.

No sé si tendría que ver el que estrenaba el modelo de pala que acompaña este texto, una Wilson Tour BLX, pala de gama alta con unas prestaciones magníficas, habiendo depositado Gabriel su confianza en la marca y en mí mismo, en cuanto al asesoramiento para la búsqueda de su pala ideal, tarea ésta que, no por menos conocida, es ajena al trabajo de los monitores.

Por último, les encargué, sobre todo a Gabriel, una "tarea" (como a los niños en el cole) para la próxima vez que nos viéramos: cuando salga a jugar el próximo partido debe, primero, olvidarse de Pepi y no decirle absolutamente nada, y segundo, concentrarse exclusivamente en intentar golpear igual que hace en clase, no viniéndose abajo o enfadándose cuando aparezcan los primeros errores...¿Lo conseguirá?, próximamente os lo cuento.


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