domingo, 18 de noviembre de 2012

Miércoles, 14 de noviembre de 2012

En esta ocasión tenía clase con Adrián, un chico con el que acabo de empezar, de hecho ésta era la segunda clase que dábamos, y con el que trabajo en Viator.

Adrián es un chico que empezó, como muchos otros, jugando por su cuenta, con los amigos, y a su aire, nadie le enseñó y nunca tomó clases, por lo que ya me advirtió, antes de la primera clase, de que tenía muchos vicios ("padelísticos", se entiende...).

Efectivamente, el primer día lo puse en el fondo de la pista y empecé a tirarle pelotas a la derecha. Aunque hay algunos colegas que siguen el método de empezar con los nuevos alumnos por la volea, debido, fundamentalmente, a que al estar el alumno más cerca de la red es más factible que pase más pelotas al otro campo, con lo que aumenta su confianza; yo, personalmente, comienzo por los dos golpes de fondo, la derecha y el revés. Pues bien, en cuanto golpeó unas pocas pelotas de derecha, ya me dí cuenta de que era necesario cambiarle por completo la mecánica del golpe. Es decir, teníamos que construir una derecha totalmente nueva.

Nos pusimos manos a la obra, utilizando el sistema de progresiones, realizando durante toda la hora que duró la clase, únicamente ejercicios de derecha. Terminé bastante satisfecho, ya que, al final de la clase, ya estaba golpeando con un gesto técnico bastante aceptable que, lo más importante, no tenia nada que ver con la que mostró en aquellas primeras pelotas de tanteo.

En la clase de hoy, fecha a la que corresponde esta entrada, comenzamos repasando el golpe de derecha que estuvimos trabajando en la última sesión. Esta vez no me gustó demasiado el resultado. Le dedicamos más tiempo del que yo tenía previsto, prácticamente la mitad de la clase, y aún así no terminó de salir igual de bien que terminamos en la clase anterior.

En ese momento, y para "descansar" un poco de tanta derecha, y más aún estando un poquito "atrancados", me dispuse a comenzar con el golpe de revés. En este punto tengo que comentar que, a partir de ese momento, ocurriría una cosa que nunca me había pasado antes. Yo pensaba que el revés, como les ocurre a muchos alumnos, aunque al final de la entrada os daré mi apreciación personal sobre el tema, le iba a costar más que la derecha, por lo que comencé, como hago siempre, con las progresiones, pero desde una progresión todavía más temprana respecto a las que utilizamos para la derecha.

Cual fue mi sorpresa cuando vi que Adrián iba ejecutando los ejercicios con una facilidad pasmosa, sin tener ningún problema. Tal es así que el desarrollo de las progresiones fue rapidísimo y terminó golpeando, al final de la clase, un revés prácticamente plano, con una mecánica de preparación, golpeo y terminación ejecutadas con una gran facilidad, con un resultado que podría calificar de notable alto, muy alto...

Pero todavía me asombré, si cabe, un poco más, cuando el propio Adrián, con toda la naturalidad y tranquilidad del mundo, y cuando yo seguía, figuradamente, con "los ojos como platos", me "aclaró" el porqué de éste, para mi, gran resultado...Y es que, según sus palabras, ¡cómo nunca había golpeado, prácticamente en su vida, de revés...pues no tenía vicios adquiridos! Increíble, pero no le faltaba, quizás, razón en la, para él, simple explicación. Y es que resulta que las veces que jugaba, siempre se "tapaba" el revés, y nunca lo utilizaba, prácticamente.

Finalmente, siempre comento con mis alumnos que no hay que tener miedo del revés. Si uno es capaz de adquirir una buena técnica, el revés es más sencillo que la derecha, ya que el gesto, es decir, el movimiento que tenemos que realizar es más natural, es menos forzado que en la derecha. Durante todo el proceso completo del golpeo de derecha: preparación, punto de impacto y terminación, tenemos, y es más fácil que se produzca por ello, más "oportunidades" de realizar algún "mal gesto", o, dicho de otro modo, es más fácil que nos aparezca algún vicio...(ya sabéis, "padelístico", se entiende...).

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