martes, 8 de enero de 2013

Última clase del año 2012

Se me han acumulado algunos días de clase a los que no les he dedicado su correspondiente entrada; algunos desde casi un mes atrás; pertenecientes a los últimos días del pasado 2012. Como tampoco han ocurrido cosas demasiado interesantes, voy a aprovechar el inicio del año para, como suele ser habitual en estos casos, hacer un nuevo propósito...a partir de ahora intentaré escribir la entrada pertinente al finalizar cada día que haya dado clase, con el objetivo de que no me vayan quedando pendientes...¡espero conseguirlo!

Sin embargo, respecto a estos últimos días del pasado año, si quería comentaros lo que me ocurrió en la clase dada el 17 de diciembre. Sólamente adelantaros que, de todos los años que llevo impartiendo clases, y ya son varios, éste fue quizás, casi con total seguridad, el que más satisfecho he terminado dado el resultado obtenido.

 Ese día tenía que trabajar con Adrián en las instalaciones de la Ciudad Deportiva de Viator. Recordaros que éste es el chico que me sorprendió aprendiendo en un tiempo récord el revés, porque decía que no tenía vicios ya que nunca lo había utilizado; pero que sin embargo tenía un golpe de derecha horroroso.

Me dije a mí mismo que eso no podía ser: había que buscar una solución. Así que, al inicio de la clase, me planté delante de él y le dije, "tienes un revés buenísimo, pero la derecha...", "hoy nos vamos a aburrir, no va a ser, precisamente, una clase divertida", "si fuéramos futbolistas, hoy es uno de esos días coñazos donde se entrena sin balón..."

Adrián es un chico con una predisposición al trabajo "total", por lo que acató mis instrucciones iniciales y se dispuso a "obedecer" (en el buen sentido).
Empezamos a escasos dos metros de la red, lo coloqué totalmente de lado, con la pala detrás (en su sitio correcto) y la mano "no hábil" extendida señalando hacia delante; y le dije que solo tenía que sacar la pala recta hacia delante, todo el tiempo con el borde de la misma perpendicular al suelo, sin mover la muñeca o el brazo o hacer gestos raros, y terminar con la pala a la altura de los ojos; en definitiva lo que sería un golpe de derecha totalmente plano. ¡Sólamente debía hacer ese gesto!...nada más, prohíbida cualquier otra cosa.

Me coloqué a su lado con el cesto de pelotas y...¡con la mano!...fuí dejándolas caer, una a una, en el punto de impacto correcto, para que fuera golpeándolas realizando solo el "gesto permitido". Cuando comenzamos con el siguiente cesto...hicimos lo mismo, pero un poco más atrás, delante de la línea de saque. Con el siguiente cesto...¡hicimos lo mismo!, ahora detrás de la línea de saque y yo delante de él lanzando las pelotas aún con la mano.

Sucesivamente fuí alejándolo un poquito cada vez, hasta situarlo en el fondo de la pista, en la posición natural de juego, y yo pasé a tirarle las pelotas ya con mi pala, al principio pegado a la red y luego, también progresivamente, alejándome hacia mi propio fondo de pista. Eso sí, él, en todas las circunstancias, solo podía ejecutar el "movimiento permitido".

Terminamos la clase situados cada uno en su fondo de pista, y Adrián golpeando una derecha plana muy buena, llevando la pelota recta a pocos centímetros de la red y sin fallar prácticamente ninguna pelota. En definitiva, estuvo toda la hora repitiendo el mismo gesto técnico una y otra vez, por lo que puedo afirmar que el aprendizaje basado en el proceso de la mielinización puede ser efectivo.

  

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